A Cádiz vine a robarle un día...

A Cádiz vine a robarle un día...
A Cádiz vine a robarle un día... y ella fue quien me robó, La Vida... La Vida... La Vida...

domingo, 8 de mayo de 2011

El rumbo...


Con el devenir de los vientos, pasa lo que muchas veces parece ser irremediable. Y es que te cambien el rumbo. O te lo hagan cambiar. O no te dejen otra opción. Ya me es igual una cosa que todas las demás. Lo que es verdad, es que en cuestión de segundos, que quizás siempre estuvieron escritos, la vida se desorienta, da un golpe brusco de timón, leva anclas y es entonces cuando todo te duele. Ya no entraré si es uno mismo el que se araña el alma, o sencillamente dejas que te la arañen. Y es entonces, mientras determinas que rumbo seguir, cuando la vida te deja un pellizco hondo y sentido, que se te queda en el estómago, angustiandote a cada paso que das. Esa extraña sensación que desorienta y parece no acabar nunca. Y que la sientes, en cada instante en el que resoplas porque ya no puedes más. En cada recuerdo que se te viene a la cabeza, plagada de quimeras. En cada toma de aire que te revienta el pecho. En cada paso que intentas seguir dando, sin saber siquiera si es el correcto, o no. Simplemente sabes que debes de seguir avanzando, para no quedarte varado. Sin más. Quizás a contracorriente, a contramano. Quizás en la dirección correcta. O quizás dejándo que el mismo viento cruel y malvado que te ha traído hasta aquí, haga ya el resto mientras simplemente te dejas llevar. Con mil y una dudas, que las conviertan en impares. Todas. Perdido. Los vientos cambian sus revuelos, y dibujan en el aire sonrisas que maquiavelo quisiese para el mismo, y que se te clavan directamente en el fondo del corazón. Ahora todo es distinto. Ya nada volverá a ser igual. Y lo sabes. Y esa sensación se va volviendo más pesada. Más hiriente. Más mortal. Hasta que estalla en tu pecho y se convierte en parte de ti... mientras dagas de plata atraviesan tu corazón, lo estrujan dos manos que no son las tuyas, y el pecho cruje mientras se ahoga en un ultimo intento de coger aire, donde ya no lo hay...


Impertérrita, la vida entonces se te queda mirando fijamente a los ojos, echándote un pulso que tu no quieres mirar ni de reojo. Y te pregunta de manera alta y clara, ataviada con su mejor sonrisa, esa que dibujada en las sombras de las comisuras de unos labios que sabes que no volverás a rozar, y que son los que te han llevado a perder la razón y el pulso de las horas muertas... ¿¿Juegas??... No...

Y no, porqué no se que tiene tu prisa, que me encela el corazón. Me lo revienta y lo destroza a partes iguales, retales tan chicos, que se esparcen en la oscuridad de una penumbra revisada mentalmente cientos de veces, y que ahora se ampara en las sombras de la vida de uno mismo. Tu risa, se desplaza por los callejones de mi vida y suena dispersa. Con sonoras carcajadas que vienen y van, y retumban en mis oídos y me hacen caer, una y otra vez. Que me hacen parar. Que el sentío me quitan o me lo hacen perder. Busco. Pero ya no hay caminos. Desolados todos se quedaron atrás. Y ahora me encuentro en una encrucijada maldita donde los diablillos se ríen de mi destino... 


Aparto la venda de mis ojos, y ya no me amparan ni el cielo ni los mares. Y aunque dolido, llego a pensar en unos eternos, amargos y lentos segundos, que nadie vendrá ya a curarme las penas. Pero aparece una vez más el viento. Ese que, o te lo trae todo, o se lo lleva todo con el, no dejándote ni una triste esterilla donde poder dejar tu cuerpo para que descanse, y no tener que notar la horrible sensación de esa arena salada, fría y húmeda que se te cuela por las rendijas del alma. No hay medias tintas. No es un puedo pero no quiero. No es una de tantas. Aún así, consigo armarme del valor necesario y le canto al viento. Me miro en ese espejo que te canta siempre las cuarenta. Y me convierto porque quiero, en un peregrino más que tras una corona de sal marcha en busca de lo que me quede en esta vida por hacer. Tormento y rebelión. Acción, reacción, repercusión. Y por ti, juego con las torretas y me revelo cada noche contra mi propio destino. Y contra ese maldito rumbo marcado a fuego desde tiempos inmemoriales en mi carta esférica particular. Y cuando duermen las barquillas, entonces te busco en la noche para darte besos de plata. Todos. Y es ahora cuando le echo un pulso más a la memoria y presumo de ser el que más te quiere. Y te amparo de tus cielos y de tus mares. Y en la distancia que nos separa, te rozo el alma, con cada suspiro que da este corazón lejano y que ya apenas late. Y te alumbro... y sigo el rumbo... sea cual sea... 

jueves, 5 de mayo de 2011

Ven acá, que te cuenta una cosa, hijo mío...

Ahora que acabo de cumplir 38 años, y ya no me quedan muchos años, no me quedan para darte una lección... pues esto cualquier día nos deja con la boca abierta y los ojitos cerrados. Hay cosas que las aprenderás tu solo... te enfrentaras al dolor y yo intentaré quitarte cuanto pueda y vea venir. Aléjate de quien no te mire de frente, y mientras... mira tu de frente a los ojos del mundo que te vayas encontrando. No malgastes tu juventud, y que sepas que el demonio no te irá a buscar, simplemente porque está en todos los sitios, presente siempre y a la espera... no lo esquives, jamás... plantante sin miedo y dile, "que carajo has venido a buscar"... entonces serás Tu, y yo estaré orgullosos de ti, aun más...

domingo, 1 de mayo de 2011

Recuerdo que era mayo...


Recuerdo que era mayo... y no se me olvidará en mi vida... por mucho que pase, por muchos meses que pasen, por muchos que yo mire para otro lado, por mucho que me repita una y otra vez, hasta donde pueden llegar mis equivocaciones, y por mucho que me haga perder la partida... recuerdo que era mayo, y no se me olvidará en la vida. Porque si hay un mes que ha marcado siempre mi vida, ese ha sido Mayo... y yo, siempre lo quiero recordar...

miércoles, 27 de abril de 2011

Hay Cádiz quien viene...


Pasodoble de la Comparsa "Oye mi Canto", del que me llevo acordando todos estos días... con esto reabro el blog nuevamente, al que le iré dando el merecido trato y atención. Una de mis passiones, que no quiero dejar de lado. Y que no lo haré, en la medida que mi tiempo me lo permita. Saludos a todos los que me leen, desde la distancia que nos separa... gracias a todos, y disculpen las molestias. Hemos vuelto, pero no me pregunten el como...

Hay Cádiz, quien viene a cantarte,
a jurarte que se muere por tu sal y tus hechizos
y luego en el descarte, si no tiene parte
coge y ya no viene ni para un bautizo...

Hay quien te dice con genio
que por tus milenios te entrega alma y cuerpo,
y luego sin premio... se caga en tus muertos...

¡Ése es el tipo de amor
con que te llevan al huerto!

Y hay, Cádiz, quien te reviste
de besos para enamorarte
y viene sólo a pedirte
con muy poquito que darte...

Y te confunden con novia de un día,
de un puerto, como el navegante...
Menos mal
que de las promesas que te dan en carnaval
tú solita sopesas cuál mentira, cuál verdad...

Ay, menos mal...
pa aliviarte un poco de tus malos amantes
que más tarde o temprano un día vendrán...
esos falsos piropos,
como a los locos,
se los lleva el levante...

Y de propina, A tí, Plaza del Barrio mío... que ustedes lo disfruten...